Volver a la bitácora Bitácora de viaje

Las historias completas

Lo que contamos en la página principal, pero de principio a fin.

Toda agencia tiene una historia. La nuestra empezó con una estafa

Ale y yo abrazados en el muelle, frente al enorme casco azul del crucero
Ale y yo frente al crucero. Al final sí lo hicimos.

Como Iron Man o Batman, Aloha Travel también tiene una historia de origen.

Era 2018. Ale (para quienes son nuevos por aquí, Ale es mi esposa) y yo convencimos a toda la familia (papás, hermanos y cuñadas) de hacer un viaje juntos. ¿Y qué mejor que un crucero? Varios destinos, comida ilimitada y descanso entre puerto y puerto.

Buscamos una agencia de viajes que vendiera el crucero que queríamos y fuimos todos a reservar. Pagamos la reserva y un poco más para apartar los lugares, con la idea de completar el pago en los meses siguientes.

Unas tres semanas después, una noche, navegando en Facebook, vi un titular: "Agencia de viajes en la zona 9 desaparece". Sentí un agujero en el estómago. Abrí la noticia y ahí estaba el peor temor de cualquier viajero: el nombre de la agencia donde acabábamos de reservar.

Eran como las 7 u 8 de la noche. Llamé a la familia y todos empezamos a buscar información, pero a esa hora nadie contestaba. Esa noche Ale y yo no pudimos dormir.

A la mañana siguiente, mi hermano fue al local. Puertas cerradas. Adentro, solo algunos muebles y papeles tirados, como si hubieran sacado todo corriendo.

Interior del local de la agencia visto a través del vidrio, con escritorios movidos y papeles tirados en el piso
Así estaba el local por dentro.

Llamamos a la naviera: no había ninguna reserva a nuestro nombre. Llamamos a la aerolínea esperando lo peor y, aunque no lo crean, los boletos sí existían. De inmediato pedimos que nadie pudiera cancelarlos sin nuestra autorización.

Las semanas siguientes fueron muy difíciles. Buscamos pistas y cualquier forma de recuperar el dinero o la reserva, pero no lo logramos. Oficialmente, nos habían estafado.

Por suerte, faltaba aproximadamente un año para el viaje. Haberlo planificado con tanta anticipación nos ayudó mucho. Nos reunimos en familia, platicamos las opciones y, al final, decidimos hacer un último esfuerzo y usar nuestros ahorros para no perder el viaje.

¿Valió la pena? Muchísimo. De ese viaje tenemos historias que seguimos contando año tras año y que todavía nos sacan risas.

Ale y yo abrazados, de espaldas, mirando el mar y las olas desde unas rocas
Valió la pena.

¿Por qué les contamos esto si ahora tenemos una agencia de viajes?

Porque esa experiencia fue una de las razones que nos llevaron a crear Aloha Travel. No queremos que nadie experimente lo que sentimos esa noche.

Sabemos el esfuerzo que toma ahorrar para un viaje. Entendemos los sueños, la ilusión y la alegría previas a unas vacaciones, y sabemos de las historias y anécdotas que se recordarán y se contarán en las reuniones familiares o con amigos después de ese viaje. Proteger esas historias y cumplir ese sueño es lo que nos motiva.

Por eso, en Aloha Travel:

  • Recibirás en tus documentos los números de reserva directos de cada proveedor, para que puedas verificarlos tú mismo cuando quieras.
  • Recibirás factura por cada pago y servicio facturable.
  • No vendemos solo por vender:
    • Nos mantenemos al día sobre la reputación de proveedores y destinos. Si algo no es seguro o no lo recomendamos, te lo diremos.
    • Si tu fecha de viaje no es la mejor temporada para tu destino, también lo sabrás.
  • Tenemos experiencia viajando a más de 43 países.

Porque tu viaje empieza mucho antes de despegar, y queremos que empiece con tranquilidad.

¡Sálvate tú!

La plaza principal de Wrocław, Polonia, con sus fachadas de colores
La plaza principal de Wrocław, unas horas antes de esta aventura.

Estábamos en Wrocław, Polonia. Nuestro vuelo hacia Zúrich salía a las 7:20 am, así que a las 5:00 am íbamos con Ale en el bus público que nos llevaba al aeropuerto y que nos dejaría ahí alrededor de las 5:40 am: tiempo suficiente para hacer check-in y pasar la seguridad del aeropuerto. Todo iba bien. Google Maps indicaba la parada donde debíamos bajarnos y una caminata de 15 minutos para llegar al aeropuerto. Al llegar a la parada que indicaba Google, le dije a Ale: "esta es la parada". Ale me vio no muy convencida, pero, como la excelente esposa que es, siguió a su esposo y se bajó. Primera pista de que algo estaba mal: en el bus iban varias personas con maletas y ninguna de ellas se bajó donde nosotros bajamos. Ese debió ser mi primer indicador de que algo no estaba bien. Ale sí lo vio, y esa fue la razón de su mirada no convencida; ya en la parada me lo dijo. Pero pensé: "bueno, a veces estos aeropuertos tienen varias terminales, tal vez iban a una diferente". Google Maps indicaba que esa era la parada correcta y, hasta ese punto del viaje, Google Maps no nos había fallado. Así que empezamos el camino.

Cruzamos una calle y entramos a un camino rodeado de árboles y no muy bien iluminado, de esos caminos que salen en las películas de terror donde uno piensa "no deberíamos entrar ahí". Pues, ¿adivinen qué? Entramos.

El bosque tétrico

Bosque oscuro y con neblina
Así de tétrico era, más o menos (foto ilustrativa). Foto: Thomas Griesbeck, dominio público (CC0).

En retrospectiva, esta debió ser mi segunda pista de que algo no estaba bien. Pero bueno, sigamos confiando en Google Maps: tal vez fuera un camino alterno que nos dejara en la entrada del aeropuerto. Después de unos 7 minutos, el camino dejó de estar asfaltado y ya era un camino de tierra. Tercera pista de que esto definitivamente no estaba bien. Parte de mí pensaba "mejor regresemos"; otra parte decía "si regresamos hay que esperar otro bus que pasa cada media hora, y nuestro vuelo sale en hora y media". Bueno, sigamos confiando en Google, aunque para este punto eso ya era difícil: el camino entre un pequeño bosque, con pocas casas alrededor, poca iluminación, el sol aún sin salir. Tal vez este era un aeropuerto mágico que aparecería de la nada en medio de un bosque. ¿Ven hacia dónde voy?

Pero, en contra de toda razón, seguimos caminando, y el camino ya era bastante tétrico. Pero ya casi estábamos en nuestro destino según Google Maps, así que seguimos. De repente el camino de tierra terminó: de nuevo calles iluminadas y asfaltadas, y una parada de bus. ¡Y sí! Ahí estaba el aeropuerto. Pero... esperen, algo no está bien... Estamos del lado incorrecto del aeropuerto, y ahí estábamos, viendo los aviones detrás de una reja, del lado incorrecto del aeropuerto. Hasta este día prevalecen dos teorías: o yo busqué mal el nombre del aeropuerto, o esa parada es un truco para atraer pobres turistas somnolientos por un camino tétrico, para que se despierten y tengan algo más que contar de su viaje. Yo insisto en que es la segunda opción.

Bueno, resulta que esa parada era algo así como una parada para vuelos domésticos, la cual no estaba aún abierta, y no había una sola alma alrededor. Nuestra entrada estaba del otro lado. Según el horario en la parada de bus, el siguiente pasaría a las 7 am. Volteo a ver a Ale, Ale me mira a mí. Pie Grande nos ve —son bromas, pero por cómo era el camino no dudaría que hubiera alguno por ahí—. Veo el mapa y hay un camino que rodea el aeropuerto y nos lleva a donde queremos llegar, pero son casi 2 kilómetros y ya son las 6 am. Así que empezamos a caminar lo más rápido posible.

Mapa de la ruta a pie rodeando el aeropuerto de Wrocław hacia la terminal correcta
El camino que nos tocaba rodear para llegar a la entrada correcta del aeropuerto.

En el camino veo a Ale. Nosotros no viajamos con maletas, solo mochilas, y cada una pesa alrededor de 14 libras, por lo que esos 2 kilómetros —que serían más o menos 25 a 30 minutos— iban a ser un desafío, con el tiempo en contra, un camino a oscuras, pero la determinación de al menos llegar al aeropuerto, a un lugar iluminado.

Ah, se me olvidó comentarles que la temperatura estaba a 1 °C, pero les puedo decir que durante todo ese camino no sentí nada de frío. Bueno, la cosa es que a medio camino sentía que mi mochila ya pesaba mucho más de las 14 libras, y pues, como buen macho alfa, pelo plateado, que se toma las pastillas sin agua y que había metido a su esposa en esto, le dije a Ale: "dame tu mochila". No muy convencida de dármela, me decía "yo puedo", pero la logré convencer. Así que ahí íbamos, tratando de correr para llegar a tiempo, mientras rodeábamos el aeropuerto por un camino de tierra, rodeado de árboles y tétrico de madrugada (algo me dice que si lo viera de día pensaría "nah, no es para tanto", pero así es como lo recuerdo). Ya sin la mochila, Ale corría mucho más rápido que yo, volteaba y me decía "¿cómo vas?", y yo solo respondía "bien". Solo pensaba en que teníamos que llegar, y en que tal vez, en lugar de ropa, habíamos metido piedras en esas mochilas.

De repente salimos de nuevo del camino de bosque y, ¡oh sí!, la entrada del aeropuerto —la correcta esta vez—. Pero aún teníamos que atravesar el parqueo. Sí, un parqueo enorme, inmenso, gigante, para un millón de carros —bueno, tal vez no para tanto—, pero con casi 30 libras en la espalda, a trote, por un kilómetro y sin entrenamiento, ese parqueo para mí era gigante. Ale voltea y me dice: "me voy a adelantar para hacer el check-in". Yo pensaba: "ve, amor, ¡sálvate tú!". Así que Ale se adelanta, entra al aeropuerto, yo la veo de lejos, ya no puedo seguir corriendo. Son las 6:26 am, queda menos de una hora para nuestro vuelo. Solamente sigo caminando, y cuando entro al aeropuerto, ahí está mi hermosa esposa, que me dice: "¡cancelaron el vuelo!".

El dron, el bendito dron

Ale caminando por una calle de Londres al amanecer, camino al aeropuerto
Esa misma mañana en Londres, camino al aeropuerto, sin saber lo que se venía.

Estamos en Londres, Inglaterra. Es 20 de diciembre y nuestro destino es Islandia, así que allí vamos con Ale, camino al aeropuerto de Gatwick, en Londres. Nuestro vuelo sale a las 10:30 am. Por el momento todo normal mientras vamos en el tren. Al llegar al aeropuerto había mucha gente y colas muy largas para hacer check-in en varias aerolíneas. Yo pensé: "ha de ser por la fecha, muchos vuelos salen de Londres, ha de ser normal", así que seguimos nuestro camino buscando el mostrador de nuestra aerolínea.

Después de hacer check-in e ingresar al área de espera, Ale recibe una notificación en su celular: nuestro vuelo se ha retrasado. Vemos las pantallas y varios vuelos se han retrasado y otros cancelado. Algo no está bien. En ese momento es cuando entra un poco de pánico interno mientras tu exterior dice "tranquilo, todo va a estar bien". Así que empezamos a investigar qué pasó. Al entrar a Google y buscar un poco, encuentro el siguiente titular:

"Otro dron ha sido visto en la pista del aeropuerto de Gatwick."

¡Oh no! Esto definitivamente no pinta bien. Resulta que la noche anterior a alguien se le ocurrió que sería interesante volar un dron cerca de la pista y en el espacio aéreo del aeropuerto, por lo que retrasaron varios vuelos mientras la policía buscaba el dron. Después de buscarlo y no poder encontrarlo, el aeropuerto estaba listo para volver a funcionar con normalidad en la madrugada del 20 de diciembre, cuando a eso de las 6 am se vuelve a ver otro dron en el espacio aéreo del aeropuerto.

El aeropuerto de Gatwick

Vista aérea del aeropuerto de Gatwick, en Londres
El aeropuerto de Gatwick, el segundo más importante de Londres. Foto: Chris Sampson, CC BY 2.0.

Debido a que el dron fue visto ya tres veces en el aeropuerto, las autoridades no permiten despegar a ningún avión por seguridad. A este punto las aerolíneas no saben cuándo van a poder despegar los vuelos: podría ser una hora, seis horas, o cancelar los vuelos. En el segundo aeropuerto más importante de Londres, en diciembre, de donde diariamente salen alrededor de 750 vuelos, se imaginarán el caos que para este punto es todo el aeropuerto.

Ya son las 10 de la mañana y si nuestro vuelo no sale perdemos todo lo que ya hemos reservado en Islandia: hotel, un tour ese mismo día a las 8 pm para ver auroras boreales, un tour por el Anillo Dorado (Golden Circle) de todo el día con entradas para la Laguna Azul al finalizar, más el vuelo a nuestro siguiente destino. Mientras estamos leyendo la noticia del dron, un nuevo mensaje le llega a Ale: ¡nuestro vuelo se ha cancelado! Ok, tranquilos, no entremos en pánico, tranquilos... ¡¡¡NOS VAMOS A PERDER ISLANDIA!!! Por un bendito dron.

La aerolínea nos da dos opciones: un reembolso o colocarnos en el siguiente vuelo disponible a Islandia. El siguiente vuelo sale de Londres a las 5 pm y llega a las 8:25 pm, sin certeza de que ese vuelo pudiera despegar según lo programado o de que hubiera asientos disponibles, y aun si lográramos irnos en ese vuelo perderíamos el tour de las auroras boreales.

Lo bueno de que mi agencia de viajes vaya conmigo (Ale es quien planifica todos nuestros viajes) es que no le llevó ni 10 minutos encontrar un nuevo vuelo. ¿El problema? Sale de un aeropuerto del otro lado de Londres que está a una hora y 41 minutos, hay que cambiar de tren tres veces, y el nuevo vuelo sale a las 2:10 pm, lo que significa que la puerta abrirá más o menos a la 1:30 pm. ¿Qué hora es? Ya son las 10:45 am.

De Gatwick a Stansted

Mapa de la ruta entre el aeropuerto de Gatwick y el aeropuerto de Stansted, al otro lado de Londres
El recorrido que nos tocaba hacer contrarreloj: de Gatwick a Stansted, al otro lado de Londres.

Así que ahora toca correr contra reloj. Solicitamos el reembolso, pero esperen: ya estamos en el área de espera, ya pasamos seguridad, y no podemos salir así nomás. Preguntamos, y el personal de la aerolínea tiene que llevarnos a la salida. Como era de esperarse, no había suficiente personal y ya hay una fila larga para poder salir. El personal se tarda 15 minutos en llegar. Gracias a Dios viajamos con mochilas y no registramos ninguna maleta, así que podemos salir en cuanto nos dan la autorización. Ya son las 11:00 am.

Ahora tenemos que encontrar la estación de tren más cercana y comprar los boletos. ¡Genial! La estación está cerca, no hay cola para comprar los boletos, y el cajero nos ayuda muchísimo mostrándonos los trenes que tenemos que tomar. Así que a correr: no podemos perdernos, no podemos tomar un tren equivocado y no podemos perder ningún tren. Ya son las 11:15.

Ya pasamos dos trenes y nos toca abordar el último que nos llevará al aeropuerto, pero ¿por qué el ticket no funciona? No podemos pasar a la plataforma para subir al tren. Faltan siete minutos para que el tren llegue. Aún no estamos por completo en modo pánico, pero estamos cerca. Encontramos a un policía y nos dice que el lector ha estado teniendo problemas, y nos deja pasar. Al fin, en el último tren.

Y todo esto por un bendito dron.

Llegamos al aeropuerto de Stansted, ya es la 1 pm, aún estamos a tiempo para el vuelo. Corremos a hacer el check-in, pasamos seguridad, ya estamos en el avión. Gracias a Dios, vamos para Islandia... hey, esperen, ¿a qué hora llegamos? ¿Aún alcanzamos el tour de las auroras boreales? Ya pueden leer esa aventura en Islandia en el siguiente post: ¡Al fin en Islandia!

Por cierto, el aeropuerto estuvo cerrado por tres días.

¡Al fin en Islandia!

¿Están listos para la segunda parte de "El dron, el bendito dron"? ¿Están listos para estresarse con nosotros? No sé si estas lecturas los ayudan a distraerse o solo los estresamos más, pero allí vamos con Ale después de la carrera en Londres para cruzarnos de un aeropuerto a otro y llegar al avión.

Ya estamos en el avión camino a Islandia. Gracias a Dios el vuelo salió puntual a las 2:10 pm y, según el itinerario de vuelo, estaremos llegando a Islandia a las 5:20 pm. Si han estado leyendo nuestras historias anteriores, a este punto ya se han de imaginar que esto no será un viaje tranquilo. La cosa es que llegarán por nosotros a nuestro hotel a las 8:00 pm en punto para buscar auroras boreales. Pensarán: "bueno, pero si llegan a las 5:20 pm tienen suficiente tiempo para llegar". Pero ¿adivinen qué? Si llegamos a las 5:20, digamos que logramos salir rápido del avión y pasar inmigración en 30 minutos, el trayecto del aeropuerto hacia el hotel es de una hora y 45 minutos, por lo que estaríamos llegando, si no hay ningún retraso, a las 7:35 pm.

Así que salimos del aeropuerto a las 5:50 pm (viajar solo con mochilas nos ayudó a poder salir rápido), compramos nuestros boletos del bus, y allí vamos, en el trayecto de una hora 45, pidiéndole a Dios que lleguemos a tiempo.

Llegamos a Reykjavik y, para nuestra sorpresa, el bus no va directo hacia nuestro hotel, sino hacia una estación de donde salen buses más pequeños para llevar a los pasajeros a sus hoteles. Así que nos bajamos a esperar. Son las 7:30 pm.

Pasan 7 minutos (yo sentí como si fueran 30) y el bus que nos dijeron que nos iba a llevar no aparece. Hay varias personas esperando que van a diferentes hoteles, así que no tenemos la seguridad de que seamos los primeros en que nos dejen, ni de cuánto tiempo va a tardar en llegar el bus. A este punto camino como león enjaulado de un lado a otro buscando indicios del pequeño bus. En la estación hay internet, así que abro Google Maps y busco la dirección del hotel: Google dice que llegamos en 16 minutos a pie. Son las 7:37 pm.

Tomamos la decisión de irnos a pie. Por cierto, la temperatura afuera es de -2 °C.

Llevamos el mapa y vamos lo más rápido que podemos, caminando con cuidado porque hay partes de la banqueta congeladas. No podemos perdernos ni retrasarnos un poco o no vamos a llegar. No hay nadie en las calles, el frío se empieza a sentir, las mochilas empiezan a pesar, pero le gana la adrenalina de saber que no tenemos tiempo que perder y que tenemos que llegar.

Después de caminar 1.3 kilómetros, al fin llegamos a nuestro hotel. Son las 7:54 pm — me sorprende lo exacto que es Google Maps con los tiempos. Tenemos que hacer check-in y ponernos más ropa, porque la temperatura puede llegar a -10 °C en la noche y madrugada. Hacemos el check-in, la chica que nos atiende es rápida y en 5 minutos ya estamos en la habitación. Solamente nos da tiempo de sacar todo lo que hay en las mochilas y ponernos más ropa. Bajamos a las 8 en punto, el bus pasa a las 8:02 pm. Gracias a Dios lo logramos: estamos en el bus para ver las auroras boreales.

Sí logramos ver las auroras boreales. No fueron muy fuertes, pero sí valió la pena. Como nuestra única cámara de fotos son nuestros celulares, no logramos tomar fotos donde se vieran las auroras.

Si a este punto se están preguntando si tanta carrera para llegar a Islandia vale la pena: después de Guatemala, es el segundo país que más me ha gustado, por las vistas y el paisaje que tiene. Les puedo decir que vale muchísimo la pena. Estuvimos solamente dos días, pero sí necesitábamos más días, tal vez un mínimo de cinco días o una semana. Bueno, les dejo unas fotos que tomamos:

Atardecer frente a una cascada en Islandia En el letrero de Blue Lagoon, Islandia, de noche Frente a la iglesia Hallgrímskirkja en Reykjavik, de noche con neblina Con los brazos abiertos frente a la cascada Gullfoss al atardecer Selfie de pareja frente al cañón de Gullfoss Viendo el vapor del géiser al atardecer Vista panorámica de la cascada Gullfoss Caminando por la pasarela de Geysir al atardecer